Historia

 

Este Santo Cristo de las Animas se halla de ordinario en la capilla de D. Diego de Villoslada en la  Imperial Iglesia de Santa María de Palacio en la ciudad de Logroño muy venerado por el pueblo logroñés, es una imagen que un grupo de devotos, al tener noticias de su mérito, gestionó en el año 1944 de las autoridades eclesiásticas su incorporación a la procesión de Viernes Santo.

Estimase la escultura, desde el punto de vista artístico, como la perla de la procesión ya que es una muestra definitiva de lo que debe ser una imagen, una buena escultura que a la vez inspire piedad, fervor y devoción y ésta reúne tales condiciones. Sin duda alguna, su talla es magnífica y se le atribuye al escultor Arnao de Bruselas que en 1553 y 1564 talló el maravilloso retablo de Santa María de Palacio y la esculpió para la cofradía de Las Animas, de la que tomó su nombre.

Este mismo escultor Arnao de Bruselas fue quien realizó el retablo de la Iglesia de Alberite, posteriormente trabajó en el transcurso de la Catedral de la Seo en Zaragoza y en otras muchas iglesias de la geografía riojana.

Todos los años en el día de viernes Santo, al medio día, tiene lugar en la iglesia ya indicada un solemne Vía Crucis muy concurrido. Al final de este piadoso acto la imagen del Santo Cristo de las Ánimas se traslada en hombros de los cofrades hasta la Catedral de la Redonda en donde queda depositada hasta la Procesión general de la noche.

Esta Cofradía del santo Cristo de las Ánimas  empleó estos hábitos por primera vez en el año 1970.

Desde el 21 de Marzo de 1.972 fue nombrado Hermano Mayor honorifico al Excmo. Ayuntamiento de Logroño.

Una tradición bastante arraigada y que tiene referencia documental en 1573, dice que el Cristo figuraba en la iglesia de la Merced, y su capilla daba por un mirador a la celda del reo que iba a ser ajusticiado, y por esa ventanita podía ver y confortarse en su estado de « en capilla » contemplando la imagen. Dos antiguas cofradías logroñesas: « La Virgen de la Esperanza » y la de « Las Animas », protagonizaban sendas acciones piadosas en torno a la ejecución; la primera recaudaba fondos para la familia del reo, y la segunda se encargaba de darle sepultura después de recibir el garrote